ALIMENTCIÓN EN HIPERTENSIÓN ARTERIAL

 LA HIPERTENSIÓN

Consiste en un aumento persistente de la presión arterial, la fuerza ejercida por unidad de superficie sobre las paredes de las arterias. 

La presión arterial sistólica (PAS), la lectura superior de las medidas de la presión arterial, es la fuerza que se ejerce sobre las paredes de los vasos sanguíneos a medida que el corazón se contrae e impulsa la sangre a través de sus cámaras.

 La presión arterial diastólica (PAD), mide la fuerza mientras el corazón se relaja entre las contracciones.

 La presión arterial se mide en milímetros de mercurio (mmHg). Se considera que 120/80 mmHg es la presión normal de un adulto. 

Clasificación de las presión arterial en adultos de 18 o más años de edad.

La hipertensión no tratada conduce a muchas enfermedades degenerativas, como insuficiencia cardíaca (IC), nefropatía terminal y enfermedad vascular periférica.

 A menudo se le llama «el asesino silencioso», porque las personas con hipertensión pueden estar asintomáticas durante años y después sufrir un ictus o un IM mortales. Aunque no se cura, la hipertensión es fácil de detectar y generalmente es controlable. 

Parte de la reducción en la mortalidad cardiovascular de las dos últimas décadas se ha atribuido a una mejor detección y mayor control de la hipertensión.

CLASIFICACIÓN DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL

El 90-95% de las personas con elevación de la presión arterial tiene hipertensión esencial (hipertensión de causa desconocida) o hipertensión primaria. Su causa implica una compleja interacción entre hábitos vitales inadecuados y expresión génica. Los factores relativos al estilo de vida que han sido involucrados son dietas de escasa calidad (es decir, alta ingesta de sodio, pocas frutas y verduras), tabaquismo, inactividad física, estrés y obesidad. La inflamación vascular también se ha visto implicada 

 La hipertensión que surge como consecuencia de otra enfermedad, generalmente endocrina, se llama hipertensión secundaria. La hipertensión secundaria sí puede curarse, dependiendo de la gravedad de la enfermedad subyacente. 

La prevalencia de hipertensión en las personas de raza negra es una de las más altas de todo el mundo. Como las personas de raza negra desarrollan hipertensión en etapas más tempranas de la vida y mantienen cifras más altas de presión arterial, su riesgo de sufrir ictus mortales, cardiopatías o enfermedad renal terminal es mayor que en personas caucasianas.

Con la edad aumenta la prevalencia de hipertensión. Antes de los 45 años, más hombres que mujeres tienen hipertensión, y después de los 65 años, las tasas de hipertensión en mujeres de cada grupo racial superan a las de los hombres de ese grupo.

 Como la prevalencia de hipertensión aumenta con la edad, más de la mitad de la población de personas mayores (> 65 años) de cualquier grupo racial tiene hipertensión.

CLASIFICACIÓN ETIOLÓGICA DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL



TRATAMIENTO

Los tres objetivos de la evaluación de pacientes con hipertensión son:

 1) identificar posibles causas

 2) valorar la presencia o ausencia de enfermedad en los órganos diana y clínica de ECV

 3) identificar otros factores de riesgo cardiovascular que ayuden a dirigir el tratamiento.

 La presencia de factores de riesgo y daño en los órganos diana determina la prioridad terapéutica.

Las modificaciones del estilo de vida son el tratamiento definitivo para algunas personas con hipertensión y un tratamiento auxiliar para todas. Antes de iniciar el tratamiento farmacológico debería probarse con modificaciones reales del estilo de vida durante varios meses.

las personas con hipertensión arterial deben seguir una dieta y estilo de vida saludables junto con el tratamiento farmacológico. Las modificaciones dietéticas y de hábitos de vida resultan una parte importante de la prevención primaria de la hipertensión.

Aunque las modificaciones del estilo de vida no consigan corregir por completo la presión arterial, ayudan a aumentar la eficacia de los fármacos y mejoran otros factores de riesgo cardiovasculares. 


Tratamiento nutricional

Debe estar dirigido por los datos obtenidos a partir de una valoración nutricional detallada

La historia del peso, actividad física en el tiempo de ocio, valoración de la ingesta de sodio, alcohol, tipo de grasas (AGMI frente a AGS) y otros patrones de la dieta (p. ej., consumo de frutas, verduras y hortalizas, y productos lácteos con poca grasa) son partes esenciales de la historia médica y dietética. La valoración nutricional también debe incluir la evaluación de la persona en los siguientes dominios específicos para determinar problemas y diagnósticos nutricionales: ingesta de alimentos y nutrientes; conocimientos, creencias y actitudes; hábitos; actividad física y funcionamiento; y los datos bioquímicos apropiados. 

Componentes de las recomendaciones actuales para el tratamiento de la presión arterial elevada. 

Ingesta calórica 

Por cada kilogramo de peso perdido se puede esperar una reducción de 1 mmHg en la PAS y PAD. Los pacientes hipertensos que pesen más del 115% del peso corporal ideal deberían entrar en un programa individualizado de reducción de peso a base de dieta hipocalórica y ejercicio.

La pérdida de peso debería ser un complemento del tratamiento farmacológico porque podría reducir la dosis o el número de fármacos necesarios para controlar la presión arterial. 

Una reducción discreta de las calorías se asocia con un descenso significativo de PAS, PAD y colesterol LDL. Las dietas hipocalóricas que incluyen un patrón dietético DASH bajo en sodio han logrado reducciones más significativas de la presión arterial que las dietas hipocalóricas que solo se centran en alimentos con poca grasa.

Dieta DASH 

La dieta DASH se usa en la prevención y el tratamiento de la presión arterial elevada. El cumplimiento de esta dieta requiere modificar muchos hábitos se debe valorar la disposición del paciente para hacer cambios, e involucrar al paciente en la resolución de problemas, toma de decisiones y establecimiento de objetivos son estrategias conductuales que podrían mejorar el cumplimiento.

 Los cambios de hábitos consisten en:

_Comer el doble del promedio de raciones diarias de frutas, hortalizas, verduras y productos lácteos. _Reducir en un tercio el consumo habitual de ternera, cerdo y jamón; comer la mitad de las cantidades usuales de grasas, aceites y aliños de ensaladas.  Para lograr las 8-10 raciones diarias, se deben consumir de 2 a 3 frutas y hortalizas o verduras en cada comida.

Consumir un cuarto de los tentempiés y dulces máximo. 

_Las personas con intolerancia a la lactosa podrían necesitar añadir la enzima lactasa o bien emplear otras estrategias para sustituir a la leche. 

La dieta DASH puede ser una forma excelente de perder peso. Muchas veces se aconseja su uso, pues la pérdida de peso puede contribuir a reducir la presión arterial. Aparte de seguir sus instrucciones, incorporar alguna actividad física diaria, como caminar o cualquier otro ejercicio

Recurre a alimentos con un contenido elevado de los minerales calcio, potasio y magnesio, cuya combinación contribuye a rebajar la presión sanguínea. También lleva escasas cantidades de grasa y mucha fibra, un estilo de alimentación recomendado para todo el mundo. 

Los patrones de comidas se reducen en el caso de las grasas saturadas, la grasa total, el colesterol y los dulces y bebidas azucaradas, además de aportar abundantes raciones de frutas y verduras, agregando entre media porción diaria y una de frutos secos, semillas y legumbres, una cantidad limitada de grasas y aceites, y el empleo de leche desnatada o semidesnatada 


Tamaño de las porciones

Cereales en grano: 1 rebanada de pan ½ taza de cereal seco * ½ taza de arroz cocinado, pasta o cereal y fibra

Verduras: 1 taza de verduras de hoja crudas ½ taza de verduras cocinadas 180 ml de jugo de vegetales

Frutas: 180 ml de zumo de frutas 1 fruta mediana ¼ de taza de fruta desecada ½ taza de fruta fresca, congelada o en conserva

Productos lácteos desntados: 240 ml de leche, 1 taza de yogur o 45 g de queso

Alimentos de origen animal: 85 g de carne cocinada, aves o pescado. Dado que los huevos tienen un contenido elevado de colesterol, limite la ingestión de sus yemas a cuatro semanales como máximo; dos claras de huevo tienen la misma cantidad de proteínas que 28 g de carne.

Frutos secos, semillas, legumbres: 45 g (½ taza) de frutos secos, 15 g o 2 cucharadas de semillas, ½ taza de legumbres cocinadas

 Grasa: 1 cucharadita de margarina para untar, aceite vegetal, 1 cucharada de mayonesa o de aderezo para ensalada con bajo contenido graso, o 2 cucharadas de aderezo para ensalada con bajo contenido calórico. 

Restricción de sal 

Las Directrices Dietéticas para los Estadounidenses recomiendan que los adultos jóvenes  los afroamericanos y las personas de edad media y avanzada, consuman menos de 2.300 mg de sodio al día. Para reducir la presión arterial, las personas con hipertensión . 

Aunque se pueden lograr mejoras adicionales de la presión arterial reduciendo el sodio a 1.500 mg/día  debe advertirse a los pacientes con insuficiencia cardíaca contra el uso de este abordaje dietético porque se han descrito efectos de salud adversos de las dietas muy pobres en sodio en estos pacientes. El cumplimiento de dietas que contienen menos de 2 g/día de sodio es muy difícil de lograr.

Además de la recomendación de elegir alimentos mínimamente procesados, el asesoramiento dietético debe incluir instrucciones sobre la lectura de etiquetas alimentarias respecto al contenido el sodio, evitar el uso excesivo de sal al cocinar o preparar comidas (1 cucharadita de sal = 2.400 mg de sodio) y emplear otros condimentos para dar más sabor.

Potasio, calcio y magnesio 

Las dietas ricas en potasio pueden reducir la presión arterial y amortiguar los efectos de la sal sobre la presión arterial en algunas personas.

 La ingesta recomendada de potasio en adultos es de 4,7 g/día . Las frutas, hortalizas y verduras ricas en potasio son las verduras de hoja verde, naranjas, hojas de remolacha, alubias blancas, espinacas, plátanos y boniatos. Aunque la carne, la leche y los cereales contienen potasio, el potasio procedente de estos alimentos no se absorbe tan bien como el presente en frutas y verdura.



Mayores ingestas de calcio y magnesio podrían ser beneficiosas para la presión arterial, aunque no hay suficientes datos para sustentar una recomendación específica de aumentar el consumo. Más bien, las recomendaciones indican alcanzar la IA para el calcio y las cantidades dietéticas recomendadas de magnesio con fuentes alimentarias, y no mediante suplementos. La dieta DASH destaca alimentos que constituyen buenas fuentes de ambos nutrientes, como los lácteos bajos en grasa, verduras de hoja verde oscura, legumbres y frutos secos.


Medir la PA es fácil, tanto para el propio paciente como para cualquier persona, si se cuenta con un aparato adecuado. Clínicamente, los niveles de PA los expresamos en milímetros de mercurio (mmHg) pero la PA tiene en realidad dos componentes: la presión arterial sistólica (PAS), que viene determinada por el impulso cardíaco generado por las contracciones del ventrículo izquierdo y que vulgarmente es denominada la alta; y la presión arterial diastólica (PAD), la baja, que depende de las resistencias que oponen las arterias al paso de la sangre. Sin entrar en leyes físicas, parece oportuno señalar que el sistema arterial está constituido por las grandes arterias o arterias de capacidad, que, en sintonía con el ritmo cardíaco, se distienden con cada oleada de sangre —impulsada con cada contracción del ventrículo izquierdo (VI)— amortiguando su presión; después, se contraen en cada ciclo, propulsando la sangre hacia territorios más periféricos, como son las pequeñas arterias de resistencia o arteriolas, minúsculos vasitos microscópicos que sí oponen gran resistencia al paso de la sangre. Después, y como terminales del árbol vascular, estarían los capilares; la sangre llega hasta ellos con la presión ya muy amortiguada y desde allí se verifica el paso de oxígeno y nutrientes a los tejidos.

Bibliografía 

Pérez, Jesús Honorato, and Andrés Purroy Unanua. Hipertensión arterial. Everest, 2002.

Krause Dietterapia 2014


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